El deseo es quien quiere, y no quiere algo o a alguien que lo satisfaga, sino que quiere que su intensidad no encuentre algo o a alguien que lo detenga.
En la problematización el deseo circula (hay máquina deseante - Deleuze-Guattari) porque la problematización es experimentación, experiencia concreta que frena la ilusión, que exige la demora de la acción. Problematizar es producción deseante, producción de subjetividad desde una posición crítica que no se detiene en la re-confirmación de los hechos, sino que los produce en el movimiento de los acontecimientos. Es la utilización de la memoria que se mezcla con el presente en la construcción de buenos encuentros: pensamiento y acción que aumenten la capacidad de afectación.
Por el contrario, el conflicto busca la seguridad de lo ya dado cómo valor, es una actitud moral del deber ser coyuntural a una época. Es una formulación dialéctica y binaria que tiene la consistencia de lo imposible de resolver, sostenido en la duda de lo verdadero-falso, o de lo que hubiera podido ser con relación a un posible preexistente.
Desde la pulsación vital y el contrapunto con las circunstancias se construye el problema, cuya efectuación es siempre la experimentación. Acontecimiento en lugar de conflicto. Éste último, cómo formulación eraizada de significantes, viene dado desde afuera. El conflicto es la encarnación de lo viejo y del agobio del hombre en un mundo sobreestratificado por el resentimiento y la culpa cómo valores ya dados (valores bajos - Nietzche). De éste modo la existencia se convierte en lo dado por el otro (Dios, destino, familia, etc) y no la configuración de lo que de otro modo nunca hubiera sido. Éste modo de pensamiento que anula la intuición en las circunstancias, nos condena a la repetición de signos preestablecidos, construyendo proposiciones ambiguas y excluyentes.
La pérdida de la ilusión del bienestar (ilusión de la felicidad burguesa, anhelo de todo ser civilizado) producto de las condiciones sociales que habitan en el tercer mundo nos permite pensar y accionar desde la problematización (no desde el conflicto). ¿Será éste el beneficio de habitar en el tercer mundo?. Quizá el dejar de avergonzarnos por ser otro mundo, ni segundo ni tercero, sino otra intensidad cualificable y no cuantificable, nos permita soltarnos de las falsas ilusiones de seguridad que debemos comprar a costos muy altos, y empecemos a poblar un territorio más amplio, de fuerzas olvidadas, de signos enterrados cómo vasijas viejas.